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Para Gonza, que se jacta de no creer en ideales ni milagros y sin embargo es hincha fanático de Newell’s.
El año 2032 recién comienza y el “El tinto” Sosa ya es unánimemente considerado, a punto de cumplir 24 años, el mejor jugador del planeta y digno sucesor de Lionel Messi y, mucho más atrás en el tiempo, de Diego Maradona.
Carga sobre sus espaldas la responsabilidad de ganar el próximo mundial, donde Argentina juega una vez más de local luego de casi 60 años, tras decenas de fracasos que el país acumula desde el siglo pasado cuando ganó su último mundial.
Descollante número 10 de la Selección Argentina en la cancha es, sin embargo, su comportamiento fuera de la cancha lo que lo hace un personaje fuera de serie, fuera del tiempo, fuera de todo.
Pocos pueden entender como “El tinto” Sosa rechaza, año tras año, las ultra-millonarias ofertas de los clubes de Europa que lo quieren en sus planteles y elige continuar jugando en Newell’s, el club de sus amores, del cual es socio desde el día en que nació, cuando su fanático padre lo inscribió.
Es de ese tema que pocos entienden de lo que vamos a juntarnos a charlar con “El tinto” Sosa, hoy día domingo por la mañana, en una mesa del comedor del club Newell’s Old Boys, en Rosario:
“Tinto”, ¿Por qué insistís en rechazar las ofertas millonarias que te llegan desde el exterior?
Bueno, la verdad es que yo no insisto en rechazarlas, sino que ellos insisten en hacerlas, aun cuando yo ya declaré públicamente que jamás jugaré en otro club que no sea Newell’s.
¿Y a qué se debe esa decisión?
Es muy simple. Soy hincha de Newell’s. Desde que nací prácticamente. ¿Por qué jugaría para otro club cuando tengo la oportunidad de hacerlo para el club del cual soy hincha? ¿Por qué renunciaría a gritar los goles con jugadores que también comparten la pasión por Newell’s? ¿Por qué elegiría gritar los goles de un equipo que no es el mío junto a públicos extraños que hablan otro idioma en lugar de hacerlo con hinchas rosarinos de Newell’s, como yo, que llenan las canchas cada domingo?
Bueno, el dinero podría ser una buena razón. Podrías ganar hasta 50 veces más jugando para un equipo del exterior.
No me parece una buena razón. El dinero nunca puede ser una buena razón para el que tiene posibilidades y tiene una verdadera pasión. Jugar para otro equipo por dinero es como hinchar para otro equipo por dinero, sólo que por alguna razón lo primero está aceptado y lo segundo no, aunque en esencia sea lo mismo. Lo mismo.
Por otro lado, mi contrato en Newell’s es muy bueno. Si tengo un contrato por 1 millón por año, ¿me querés decir para qué quiero 50 millones por año?
Bueno, quizás la razón podría ser profesional, la posibilidad de jugar con los mejores y contra los mejores.
No me parece que sea tan así. El fútbol argentino tiene un altísimo nivel y con un buen desempeño como el que tenemos en Newell’s los últimos tiempos uno puede jugar todos los años contra los mejores equipos de Sudamérica, Brasil incluido. Además, jugando con la Selección Argentina también se logra un estado de competencia de primerísimo nivel.
Por otro lado, los torneos de Europa no están llenos de grandes jugadores. Eso sólo ocurre en los grandes equipos, 3 o 4, mientras que el resto de los equipos tiene un nivel bastante flojo. Te digo que me gustaría ver a esos equipos, los que no son grandes (¡y a los grandes también!) jugando contra los ásperos equipos de la B Nacional, como River, Central o Ferro.
¿Y qué me decís del desafío de hacer historia en los grandes equipos europeos?
Sinceramente, prefiero hacer historia en Newell’s y en Argentina, lo cual te aseguro que es un desafío muchísimo más grande y más satisfactorio. ¿Quién va a negarme que la meta de lograr un Newell’s campeón del mundo es mucho mayor que la meta de hacerlo con el Real Madrid? No hay punto de comparación. Con el Real Madrid cualquiera sale campeón del mundo; con Newell’s, te la regalo.
El concepto de que Europa es el centro del fútbol está mal, muy mal. Tenemos que dejar de mirar a Europa. Nosotros, Argentina, Brasil, Uruguay, somos el centro del fútbol. Tenemos que asumirlo, aceptarlo profundamente, y actuar en consecuencia. No necesitamos copiar ni aspirar a algo más que no sea lo nuestro, con la historia que tenemos.
¿Cómo vivís el hecho de que tu filosofía de pertenencia al club haya inspirado a otros a hacer lo mismo? ¿Sos consciente de que estás haciendo historia?
Mirá, como diría Tricel, “es muy simple querido”: como soy de Newell’s juego en Newell’s. Si respetar esa consigna es hacer historia quiere decir que estamos en el horno. Y sí, estamos en el horno.
¿Sos consciente de que esta movida está elevando el nivel del fúbol argentino y, por lo tanto, los ingresos del mismo y, por lo tanto, el ingreso de los jugadores?
Sí, soy consciente y me parece muy bueno que así sea, aunque te repito: no miremos sólo la cuestión del dinero. Hay algo que se llama hambre de gloria y te puedo asegurar que es mucho más satisfactorio que el dinero.
Cuando era chico recuerdo que los grandes decían “¿cómo puede ser que no seamos como Europa?” y la respuesta es muy simple: tenemos que decidir ser como Europa, actuar como Europa y bancarnos las consecuencias.
¿Algo más que quieras agregar a la entrevista?
Sí, me gustaría volver sobre lo primero de lo que hablamos. Abstraigámonos de la situación actual y reflexionémoslo fríamente. ¿Qué más puede pedir un verdadero hincha de fútbol que jugar en su equipo, jugar junto a otros de su equipo, ganar torneos con su equipo gritando goles desde adentro y hacer todo eso mismo con su Selección? Nada. Todo lo demás, es humo.
“El tinto” Sosa se despide sonriente. Se levanta y se va caminando, cansino, entre la gente que lo idolatra y lo saluda mansamente, sin necesidad de desbordes, pues sabe que el día de mañana y todos los siguientes podrá encontrar a “El tinto” caminando por las instalaciones del club.
Llega a la puerta del comedor y saluda sentidamente a un hombre mayor, que no sabemos quién es pero le dice “pibe”. Se queda charlando unos minutos animadamente antes de continuar.
Sale del comedor y lo vemos alejarse por el patio central, hacia la calle, para volver caminando a su casa ubicada en el centro de Rosario, donde su familia lo espera para comer un buen asado compartido.
