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Los agnósticos sostienen que no hay manera de saber si existe un Dios, lo cual es bastante razonable ante la notable falta de prueba con que contamos. Pero también sostienen que, de igual manera, no hay manera de saber si no existe un Dios.
Es por esto último que tachan a los ateos – que aseguran que Dios no existe – de ser tan fanáticos como los religiosos, ya que no hay manera de comprobar una cosa o la otra.
Hasta aquí uno podría decir que los agnósticos son bastante cobardes, ya que no se juegan por nada, mientras levantan los brazos mostrando las palmas de sus manos en lenguaje corporal que podríamos traducir como “no podemos saber nada”, lo cual les da la tranquilidad de no equivocarse nunca y, quizás, de una vida un tanto gris.
Sin embargo, debo admitir que dentro de sus líneas internas existe una que me ha cautivado particularmente: se trata de los agnósticos apateístas. Estos no sólo sostienen que no es posible saber si existe Dios o no, sino que, en verdad, ¡no importa!, ya que un ser humano debe actuar en cualquiera de los casos de la misma manera: bien.
De todas las posiciones filosóficas-religiosas de las que he tenido noticia hasta el momento, me parece sin dudas una de las más logradas.
