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Un doctor hecho y derecho es una persona que ha realizado un “trabajo de investigación sobre un tema publicable (aún si no se publica), la tesis doctoral, que represente una contribución por lo menos modesta al conocimiento humano”.
Realizar una contribución modesta al conocimiento humano es un trabajo cada día más arduo, pues el conocimiento humano parece crecer exponencialmente. De esto se deduce que el título de doctor tiene cada día un mayor valor.
Si bien los médicos saben medianamente de qué se trata el concepto de “trabajo arduo”, los abogados y, recientemente, los contadores desconocen esa rama de la vida. Por supuesto, eso no les impide promover leyes que les concedan el derecho infundado de autodenominarse doctores.
El caso de los abogados resulta, sin lugar a dudas, el peor de todos, pues son ellos los hacedores de las leyes que les permiten arrogarse un título que no se han ganado.
Si no están seguros de lo que digo, la próxima vez que se crucen con un abogado o un contador que permita que lo llamen doctor pregúntenle de qué tema ha tratado su “tesis doctoral” y cuál es, concretamente, “su contribución por lo menos modesta al conocimiento humano”.
