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En primer lugar odio los paraguas porque tienen puntas. Puntas sólo justificadas por la mediocridad de los diseñadores chinos. Puntas que se ubican diez centímetros sobre la cabeza de la persona de altura promedio, que coincide justamente con la altura de mis ojos.
Pero esto no es lo peor. Lo peor es que la gente (sí, esa gente que también tira papeles en la calle y fuma en los baños) va con su paragua bajo el angosto techito que usamos los “sin paragua”, con una caradurez digna de un presidente de la nación argentina de los últimos 20 años.
Pero no es mi estilo plantear problemas sin soluciones:
- Es obvio que las puntas de los paraguas deberían ser redondeadas.
- Si uno lo piensa mejor, el paraguas no debería existir. No sólo por los problemas planteados, sino porque es ineficaz a medida que nos alejamos desde la cabeza hasta los pies. Y nos ocupa el 50% de las manos.
- Una técnica interesante es la de cubrirse con los brazos de los que vienen con su paragua, pero es un tanto molesto.
- Un dispositivo ubicado en cada hombro, con una varilla vertical que proteja nuestro territorio aéreo mejoraría el punto anterior.
- Si a esta varilla le agregamos un sistema de pequeñas motosierras que vayan cortando los paraguas que invaden nuestro territorio aéreo sería totalmente ideal. Un sistema de electrificación es una variante interesante también, pero la ley podría sernos esquiva.
En la foto vemos un prototipo llamado "paragua sin manos". Sin embargo, se parece más a la idea defensiva de las varillas.
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