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Desearás la mujer de tu prójimo

Una vez más desde este espacio acudiremos en ayuda de la Iglesia, cuyas anticuadas leyes rectoras la van dejando sin fieles a paso acelerado, en una hemorragia sólo comparable a la de los hinchas de River que, cobardemente, abandonan a su equipo en las horas (meses) difíciles que el club y su corrupta dirigencia están atravesando.

Por si queda alguna duda, en el presente artículo propondremos la modificación del conocido mandamiento “No desearás la mujer de tu prójimo”.

Desear a la mujer es una cuestión natural inherente a la naturaleza del hombre. Cualquier negación a esta tesis debe ser considerada una irracionalidad.

Desear a la mujer del prójimo también es una cuestión natural, ya que el atractivo de una mujer no depende esencialmente de quién sea su pareja. Si dependiera de eso, no sería la mujer el objeto de deseo, sino la venganza o la perversión.

Por lo tanto, no es falta desear la mujer del prójimo, aunque sí lo es la traición que podría significar el intento de concreción de ese deseo.

Dividamos al prójimo en tres grupos: el prójimo lejano (enemigos), el prójimo medio (neutrales) y el prójimo cercano (amigos). Si entendemos por prójimo a todos los grupos entonces el mandamiento es muy erróneo.

Si el prójimo afectado por nuestro deseo pertenece al grupo del prójimo lejano, entonces no sólo no debemos temer al pecado, sino que debemos avanzar a toda prisa, ya que probablemente se trate de un acto de justicia que, el día del juicio, será recompensado.

Si el prójimo afectado pertenece al grupo medio, debemos avanzar. Debemos tener muy en claro que nuestras responsabilidades son nulas. Las responsabilidades pertenecen exclusivamente a la mujer y al prójimo: a la mujer, por decidir su destino y al prójimo por hacer todo lo necesario para no merecerlo.

Por último, si el prójimo afectado es cercano entonces debemos detenernos, ya que cometeremos alto acto de traición si vulneramos la confianza que cimenta toda relación de amistad. En este caso, no tenemos más remedio que optar entre la pasión y la traición, y aceptar las graves consecuencias.

En conclusión, el nuevo mandamiento debería ser:
“No traicionarás a tu prójimo cercano, ejecutando acciones para concretar el deseo por su mujer.”

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