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La pregunta
El artículo publicado el día de hoy en La Nación, plantea la siguiente pregunta por medio de su título: “¿Es posible que Facebook estupidice a los usuarios?”
La respuesta es, claramente, NO: los usuarios ya son estúpidos y Facebook es una potente herramienta que se utiliza, actualmente, como un maravilloso medio de canalización y expresión de esa estupidez.
Es el objetivo de este artículo hacer una defensa de Facebook como herramienta neutra, que puede ser usada de muchas maneras diferentes.
El artículo
Por supuesto, como se deduce de su lectura, el autor ya sabe la respuesta, pero anima, mediante el título en forma de pregunta, a los lectores ávidos de pie a generar una polémica innecesaria. Mi caso es un triste y claro ejemplo de esto.
La muestra de esa innecesariedad lo delata el hecho de que la segunda mitad del artículo habla de otra cosa. Más allá de eso, es positivo rescatar dos frases:
1. “Uno de los signos de madurez es darse cuenta de que el 99 por ciento de las cosas que nos ocurren cada día no tienen ninguna importancia en absoluto para los demás”. Muy cierto.
2. “No confíes en nadie menor de 30”. Ánimo, ya podemos confiar en La Tía y, mucho más aun, en Mariela.
“Estamos a punto de entregar nuestro país a una generación que no lee gran cosa y que tampoco piensa demasiado” se preocupa un don, sin tener en cuenta que hace años que esto ya ocurre y que, luego de una más que nunca disputada elección entre el Barón y yo, esta realidad cambiará.
El fondo de la cuestión
El fondo de la cuestión es, a mi modo de ver, el vacío existencial. La pobreza de actividades y contenidos no es otra cosa que la expresión de la pobreza de proyectos de vida.
La verdad es que, en lo que va de mi uso del Facebook, no mucha gente pone en su estado “construyendo un Centro Cultural”. Probablemente, la gente que lo esté haciendo no tenga tiempo de contarlo por Facebook.
Por supuesto, no espero otra cosa de Facebook.
Me da exactamente igual lo que se haga con él.
Facebook es un excelente entretenimiento para tardes tediosas en un trabajo que no conduce a ninguna parte, al igual que lo es el celular para los miles de policías estacionados en alguna esquina.
Pero también, podría ser una maravillosa herramienta de construcción (como lo es en algunos casos) entre personas que buscan hacer del mundo y de sí mismas algo mejor.