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Figura 1. "Hace tres años que participo de la marcha, pero este año lo voy a hacer con más ganas porque ayer mismo me echaron del trabajo", asegura Elisabet Coronel (N.A.:Esto es verídico).
Los próximos 4 y 5 de octubre de 2008 se llevará a cabo la tradicional peregrinación a Luján. La mala comunicación de los organizadores y mis limitaciones intelectuales me impiden estar seguro de si se trata de la clásica “Marcha a Luján” o no. Afortunadamente, eso no afecta el objetivo de este escrito.
Miles de fieles católicos (y algunos otros oportunistas, como el compañero contribuyente Barón) emprenden una larga, cansadora y estéril caminata de unos 70km hasta Luján para realizar una “demostración de fe”.
Como detalle, La Nación informó que en el año 2000, “muchos no esperaron la señal de partida. Cuando a las 13, monseñor Jorge Lozano, obispo auxiliar de Buenos Aires, bendijo la peregrinación y despidió a los fieles en San Cayetano, el camino hacia la avenida Rivadavia ya se encontraba atestado de grupos de jóvenes con estandartes religiosos, bombos y redoblantes.” Sí, se trataba del compañero Barón y su séquito perteneciente al Partido Obrero.
“Madre, que veamos a Jesús en cada hermano” era el abstracto lema de los caminantes. Es curioso notar que los hermanos más necesitados no se encontraban en Luján ni en los 70km de camino.
A mi entender, la peregrinación a Luján es una marcha inútil e inconveniente.
Antes que nada, cabe aclarar que no soy una persona religiosa, ni cristiana ni de otras religiones. Simplemente, quiero observar algunas contradicciones que, según veo, se dan en este evento, particularmente entre los valores cristianos y el accionar de estos fieles.
Cuando digo “inútil e inconveniente” lo hago mirándolo desde el punto de vista religioso. Como evento deportivo, social o cultural me parece excelente y se encuentra a la altura de otros eventos reconocidos popularmente como ser la Maratón de Nike.
Nadie duda de la buena fe de estos miles de católicos que marchan, ni de los otros miles que los apoyan (aunque sí del compañero Barón y su séquito). Pero es innegable que es un gran esfuerzo, una gran demostración de fe poco convenientemente canalizados.
A mi entender, semejante energía debería inyectarse en una obra colectiva que transformara el mundo en un mundo mejor. La realidad es que el mundo y nuestros hermanos más necesitados están igual de mal después de la marcha a Luján que antes de ella.
¿Por qué no hacer una marcha casa por casa recogiendo alimentos y abrigos? ¿Por qué no hacer una jornada (al menos) de juego, educación o salud entre los más pobres? ¿Por qué no trabajar un día gratis, por una causa noble, en hospitales, comedores, etc.?
¿Qué creen que dirían Jesús y la Virgen? ¿Qué creen que preferirían? (No olviden lo que dijo Jesús: “Lo que le hagan al menor de mis hermanos, me lo estarán haciendo a mí.”)
Es irónico que la marcha se haga bajo lemas como “roguemos a nuestra Madre que nos ayude a ser solidarios con los que sufren, los que están siendo excluidos de su trabajo, de sus casas y de sus familias”.
Algunos aseguran que la peregrinación puede ayudar a que “nuestra Madre” escuche nuestras súplicas. Quizás. En primer lugar, entiendo que “nuestra Madre” no ayuda o no a los que sufren de acuerdo a si peregrinamos o no. Eso sería bastante condenable. En segundo lugar, podemos rogarle lo mismo mientras buscamos consuelo activamente para “los que sufren”.
Yo daría por supuesto que las peregrinaciones no mejoran la situación social.
Lamentablemente, el programa de actividades de Sociedad Peregrinos a pie al Santuario de Nuestra Señora de Luján, va en otra dirección.
Lamento si el escrito no fue muy ordenado. A veces, el desorden es una especie de orden.