Viaje con los muchachos I
Me dispongo a promover entre “los muchachos” – mis mejores amigos, claro – un viaje a cualquier parte, sin otro fin que el de revivir, luego de muchos años (unos diez años, supongamos), las aventuras costeras de nuestra adolescencia.
Arranco por El Gacela y, casi con desesperación, le cuento la idea. Mi ilusión se desmorona al ver que mi querido amigo no reacciona. Le explico de nuevo (básicamente, le digo todo de nuevo) el plan, los detalles, el espíritu… pero no pasa nada. Me dice que no cree, que está con mucho laburo y que, fundamentalmente, la reacción de su novia podría traerle problemas que prefiere evitar por adelantado.
No puedo creerlo, pero seguramente Cabeza me entenderá. Le cuento todo el plan a Cabeza y la reacción es pobre. No tiene tantas vacaciones… y a la patrona no cree que le guste la idea, ya que le debe vacaciones hace tiempo.
Ya sin ganas, para cumplir, le comento esta idea a La Vieja, pero la vieja me mira con compasión, como se mira a los derrotados que van a pedir una última oportunidad. Me pone una mano en el hombro y me dice que vamos a ver, forma elegante de decirme que no va a ser él quien empuje este proyecto.
Ya desesperado pienso en el Abuelo, pero el Abuelo ya ni siquiera viene a las reuniones, porque es un laburante y tiene muchos quilombos. Muchos quilombos en serio.
Paro la pelota y me pongo a pensar si estoy equivocado. ¿Estoy equivocado? ¿Es una boludez lo que propongo? ¿Ya pasó la época de viajar con los muchachos? ¿Debo entrar en una nueva etapa de mi vida? Me paro fuera de mí y no me parece estar tan errado. Hay algo que, definitivamente, no me cierra…

Se llama vejéz, vaya
Se llama vejéz, vaya acostumbrándose.
Tal vez pueda volver a viajar con ellos si todos se quedan sin pareja al mismo tiempo, y si por alguna extraña coincidencia, todos puedan sincronizar sus vacaciones.
Pierda las esperanzas, las probabilidades de que ello suceda son bastante bajas.
Veo sus dos primeros párrafos
Veo sus dos primeros párrafos un tanto contradictorios. En el primero, el problema es la edad; en el segundo, la pareja y el trabajo. ¿Cuál cree que es el problema?
No creo que sea un problema de edad, sobretodo teniendo en cuenta que tenemos 27 años y no 75.
Acepto, por otra parte, el tema de las probabilidades.
No hay contradicción, es una
No hay contradicción, es una cuestión de causa consecuencia. A los 18 uno no suele tener ni trabajo ni novia, y si mucho tiempo disponible. La edad como factor no es una cuestión física, sino social. A los 27, salvo gente muy afortunada, uno tiene mucho menos tiempo libre.
Ok, entiendo... pero cuál es
Ok, entiendo... pero cuál es la causa más profunda? la edad o la falta de tiempo? el trabajo? la pareja? una combinación?
Creo que cada causa afecta
Creo que cada causa afecta distintas cosas.
La edad hace que los hábitos se modifiquen. Si hoy viajase a la costa con mis amigos como hacía a los 18, me parecería un suplicio. Cierta vez, de quince días que fuimos a la costa, pisamos tres veces la playa. La rutina era salir toda la noche y dormir hasta las seis de la tarde. De ahí bañarse, comer, y volver a salir. Si fuese hoy, la proporción sería inversa.
El trabajo y la pareja provocan la falta de tiempo y sincronismo. Que nueve personas que trabajan, puedan lograr que sus días de vacaciones coincidan y conjuntamente, que sus novias les permitan viajar con sus amigos, es más que improbable.
Creo que la solución sería organizar un viaje que incluya a las parejas, o un viaje cuya perspectiva sea muy interesante como para dejar pasar. Convengamos que la propuesta de estar 15 días recorriendo Europa es mucho más atrapante que 15 días en Santa Teresita.
Coincido en que la idea no es
Coincido en que la idea no es tratar de repetir lo mismo que hace diez años, sino compartir con amigos todas las cosas buenas que un viaje vacacional puede ofrecer.
La verdad es que un viaje que incluya parejas está bastante lejos de ser un viaje con amigos. Las parejas no son nuestros amigos y nuestro amigos con sus parejas tampoco.