Viaje con El Indeseable
Bien sabemos lo desagradable que resulta encontrarse con ciertas personas (de ahora en más, El Indeseable) en un transporte público como en el colectivo, en el subte o en el tren. Muchas veces, el desagrado responde más a nuestro estado de ánimo que a las personas: “pobre Juanito, me cae bien, pero si me llega a ver me pego un tiro”.
Una situación particularmente curiosa e incómoda se da cuando uno percibe que la otra persona tampoco disfruta el habernos encontrado. Sin embargo, rara vez ocurre que uno de los dos dice: “ambos sabemos que no queremos estar hablando, así que mejor miro para allá, a esa mancha del techo”.
Paso 1: evitarlo
El primer paso consiste en intentar evitar el encuentro.
Una vez que hemos divisado a El Indeseable deberemos caminar con la mirada pegada en el suelo, a paso vivo, hacia el extremo más lejano del andén. El momento más crítico es cuando debemos pasar por algún lugar que no depende de nuestra voluntad, como ser la boletería (a veces) o la escalerilla. En estos momentos, debe profundizarse la sangre fría: pasos de descalzo, respiración contenida, mirada 180° respecto de El Indeseable y velocidad de acción.
Si El Indeseable no quiere hablar con nosotros, colaborará tácitamente.
Por el contrario, si El Indeseable nos descubre y nos llama, bajo ningún punto de vista debemos virar. Por el contrario, debemos acelerar nuestro ya acelerado paso y fingir sordera. Si El Indeseable comienza a corrernos y se nos acaba el andén, deberemos elegir entre dos opciones terribles: viajar con El Indeseable o arrojarnos a las vías y correr hacia las afueras de la estación, para luego volver y subirnos a la próxima formación; esto último, además, podría acarrearnos la rotura del traje o de la pollera ejecutiva.
Paso 2: escapar
Si decidimos viajar con El Indeseable, nos veremos obligados a mantener una conversación que no nos interesa, a veces durante decenas de minutos.
Cuando se trata del colectivo, no hay muchas escapatorias. En general, El Indeseable suele darse cuenta de que queremos evitarlo si le decimos que vamos a “buscar un asiento al fondo”, teniendo en cuenta que aun desde adelante puede verse todo el colectivo. La situación es más alevosa si, luego de ello, nos quedamos en el fondo, a dos metros de distancia de la persona.
La otra opción es la de siempre: bajarse. Ya lo dice Epícteto, aunque hablando de nuestras vidas: “Recuerda lo esencial: la puerta siempre está abierta, por lo tanto puedes irte cuando quieras”. En general, nadie toma esta medida, que no es tan cobarde como la anterior.
En el tren o en el subte, las perspectivas de ir a “buscar un asiento” son mejores, a menos que el transporte esté muy lleno. La ventaja del subte es que, de bajarnos de la formación, la próxima vendrá más rápido; en el tren, ni siquiera sabemos si vendrá.
En ningún caso se recomienda la estrategia de “me bajo en la próxima”, luego de la cual nos movemos a otro vagón y seguimos en el mismo tren, sin bajarnos. Es sabido que las probabilidades de que la otra persona nos encuentre al bajar en serio o, inclusive, antes de hacerlo son altísimas, quizás debido a las famosas Leyes de Murphy. Bajo esta circunstancia, nos veremos obligados a fingir locura, desmayo o, en el peor de los casos, a suicidarnos públicamente.
Paso 3: sobrellevar
Un último recurso, descartada la escapatoria, consiste en intentar hacer divertido o conveniente lo inevitable. No podemos cambiar lo que ocurre, aunque sí podemos cambiar nuestra reacción a ello.
Una opción es intentar estrechar lazos de una vez por todas con El Indeseable. Quizás bajo ese mentiroso, hipócrita, traidor, idiota e imbécil se esconde un gran corazón.
Otra opción es intentar venderle algo a nuestra indeseable compañía. Esto es, a grandes rasgos, lo que hacen todos los vendedores, por lo que no hay por qué sentirse mal.
Una última opción consiste en realizar un análisis psicológico con el curioso espécimen. Lo más probable es que no tengamos otras oportunidades de hacerlo.
bajarse, esa es la opcion mas
bajarse, esa es la opcion mas digna...
Yo una vez me encontré con un
Yo una vez me encontré con un indeseable en la parada del colectivo, saludé cordialmente e hice las preguntas que unos siempre le hace a los indeseables. Luego de un breve lapso de tiempo, llegaron dos colectivos. Le cedí el paso en el primero, y en un rapto de lucidez, cuando él estaba subiendo, corrí los 10 metros que me separaban y me subí al de atrás.
La historia es 100% verídica. Oficialmente: en el otro había asientos libres.
yo no creo que sea tan grave
yo no creo que sea tan grave el asunto de no ser... que en realidad eseindeseable sea el 99 por ciento (no encuentro el signo de porcentaje en este tecledo entre otros) de la poblacion...
besos
Cuenta la leyenda que el
Cuenta la leyenda que el sujeto al que todos se refieren aqui como el Barón estaba sentado en una clase, tranquilo y, por rara casualidad, atento. Repentinamente, un sujeto con camisa a cuadros se sentó a su lado y le hizo algunas preguntas. El Barón contestó y, ante la menor distracción de su nuevo interlocutor, se corrió de asiento.
Borges, inexplicablemente, ya habló de ello en uno de sus clásicos cuentos, que, pasando de lo inexplicable a lo aterrador, se llama como yo: El Otro, cuyo texto puede encontrarse en http://es.geocities.com/paginatransversal/borges/.
Dice:
"Sentí de golpe la impresión (que según los psicólogos corresponde a los estados de fatiga) de haber vivido ya aquel momento. En la otra punta de mi banco alguien se había sentado. Yo hubiera preferido estar solo, pero no quise levantarme en seguida, para no mostrarme incivil. El otro se había puesto a silbar. Fue entonces cuando ocurrió la primera de las muchas zozobras de esa mañana."
Por supuesto, la incivilidad no es una preocupación del Barón.
Al menos evité las
Al menos evité las zozobras.
Lo importante es no ser hipócrita. Creo que ni con palabras podría haber sido más claro en que no estaba interesado en entablar una conversación con el susodicho.
me pasa constantemente de
me pasa constantemente de estar tranquila mirando un mapa a un costado de la calle (para evitar accidentes ... etc) y la gente se acerca a preguntarme si estoy perdida... y por mas que responda honestamente que estoy bien como estoy, se empeñan en darme indicaciones para orientarme hacian quien sabe donde, por que claro la verdad es que ultimamente no voy a ningun lugar en particular, sino mas bien me dejo a la libre disposición de mis humildes pies... y si encuentro un lugar lindo lo busco en el mapa y lo marco
lo que curioso es que las personas que atentan a mi tranquilidad son personas de la tercera edad que enmascaran sus inteciones de charla casual con falsos intentos de ayuda y me retrasan 40 minutos contando historias en idiomas que aun no comprendo...
en fin
salù
me alegro de que, finalmente,
me alegro de que, finalmente, los habitantes del viejo continente no sean fríos y descorteses (si es que así se escribe descorteses) con los pobres y maleducados sudacas (como todos nosotros, por supuesto), tal cual amenazaban los rumores
parece que la necesidad de atención y de afecto pudo más que el racismo y la xenofobia
para bajar un poco los decibeles, quiero mencionar que nunca dudé de que, si había un lugar donde los ideales del humanismo perdido aun perduran, al igual que cierta capacidad para llevarlos adelante, es en la tierra europea
buena suerte!