Me pareció completamente fuera de lugar que en el desfile del bicentenario, la escena del regreso a la democracia fuese un conjunto de murgas. A menos que en los últimos días nos hayamos vuelto brasileros o uruguayos, no hay nada que nos represente menos que una murga. La tristeza que provocan los carnavales porteños (para los cuales supuestamente ensayan todo el año), parece una escena sacada de un libro de Dolina. A mí entender, la imagen que dieron no evoca de manera alguna el recuerdo de la vuelta a la democracia. El colmo fue cuando le dieron a Cristina Kirchner un sombrero con la inscripción Kirchner 2011. El acto del bicentenario como tal, no debería ser una plataforma para sacar rédito político. Y peor aún es que intenten hacernos creer que todas las personas que salieron a festejar el bicentenario, lo hagan para apoyar a la actual administración.
De igual modo cabe mencionarse el desvarío de Mauricio Macri al suponer que la gente que aplaudió en el teatro Colón lo aplaudía a él, y no a uno de los íconos de la cultura argentina, que es el Teatro Colón.
No quiero ser extremista, pero las murgas deberían ser prohibidas y sus integrantes perseguidos sin descanso antes de que contagien a más personas y se desate una rebelión de proporciones bíblicas. ¡Está en las revelaciones!
Señor Barón, el sujeto de la fotografía revela estar cercanamente emparentado con usted ya que, si presta atención, tiene centímetros por debajo de su corazón un escudo de chacarita y una lengua stone.
Debe tener más cuidado al elegir las fotografías, ya que de otro modo pueden descubrir su manipuladora maniobra.
Y Kirchner presidente 2011. La escogí con sumo cuidado.
Leave a Response