Una aventura miserable (Entrega 3 de 3)

Bajé en la estación siguiente. Con paso firme me dirigí al guardia, tal cual me lo indicó la líder del operativo. Al verme encararlo inequívocamente, el guardia realizó el ya acostumbrado acto reflejo: mirarme los pies, sonreír y disculparse por ello. Me pidió que lo siguiera hasta un pequeño cuarto y, una vez allí, me entregó la preciada zapatilla. Me dio una palmada en la espalda y me deseó suerte.

Como uno más, continué mi viaje normalmente hasta mi destino áulico. Entré al gran y amaderado salón de mi clase, sin que nadie se percate de nada, excepto la profesora, que me dedicó una mirada de desaprobación. Quince minutos después la clase terminó y mi querido amigo y compañero, Germán Don Caldani, me preguntó, fingiendo interés, por mi retraso. Suspiré, recordando mi pequeña odisea y, visiblemente molesto, le dije secamente: “Amigo: como diría Dolina(*1), he vivido una aventura miserable”(*2).

Notas del Editor

(*1) “Vale la pena realizar una sencilla experiencia: pidamos a nuestros conocidos que refieran los hechos más curiosos que han vivido. Los resultados serán entre aburridos y penosos. Alguien quedó encerrado en el ascensor durante una hora. Otro dice haber ganado un jarrón en una kermesse. Un tercero obtuvo un boleto capicúa. Se trata de aventuras miserables. Los griegos pensaban que las cosas ocurrían sólo para que los hombres pudieran contarlas luego. Si esto es cierto, el futuro de nuestras conversaciones es poco prometedor. ¿Qué les contaremos a nuestros nietos? ¿Que una vez vimos un choque? ¿Que se nos reventó un sifón?
Extracto de ‘Crónicas del Ángel Gris’, de Alejandro Dolina

(*2) Algunas de las personas presentes en el lugar aseveran que el autor no dijo tales palabras y que, en cambio, refirió la historia completa de lo ocurrido, con lujo de detalles.

8 Comentarios

¿Suspiraste molesto? No

¿Suspiraste molesto? No mienta compañero, se le veía a usted en el rostro las ansias por contarme su patética historia.

Más allá de los comentarios

Más allá de los comentarios que siguen, desmiento categóricamente.

Maldita sea, no había leído

Maldita sea, no había leído la nota del editor. Afortunadamente puedo censurar comentarios anteriores.

No, parece que no puedo.

No, parece que no puedo.

Eso le pasa por opinar antes

Eso le pasa por opinar antes de concluir de leer todo, regla número uno a la hora de resolver preguntas o problemas. ¿En qué clase de bajofondo estudia usted?

Mmmmm Me permito

Mmmmm Me permito preguntarme:
¿Realmente le ocurrió todo esto?
¿La zapatilla no se rompió?
¿Por qué publicó su experiencia en 3 artículos?
¿Quién és Germán Don Caldani y que nos aporta saber de su existencia?

Yo también me quedé trabada una vez pero hice fuerza y logré abrir las puertas nuevamente...

Las respuestas

Las respuestas son:

  • Sí.
  • No.
  • Para no hacer un artículo tan extenso.
  • Es un personaje oscuro, siempre mezclado con los aspectos más controvertidos de los temas tratados en el Merofondo. Saber de su existencia nos sirve como herramienta primaria de prevención por si algún día lo cruzamos por la vida.

Me dío miedo su amigo. Aunque

Me dío miedo su amigo.
Aunque noté que sólo contestó para presumir de sus viñetas...