Receta contra la gata flora
La administración de una gata flora es una tarea finísima, digna de un cirujano, aunque es bienintencionado aclarar que los “terminator” tienen fama de lograr, mediante otros métodos, una alta efectividad.
El concepto clave a comprender es que la gata flora no puede ser satisfecha. Es un error habitual tener una buena predisposición a lograr buenos términos, mediante la satisfacción de requerimientos.
La satisfacción no es otra cosa que la transformación en hechos de un deseo abstracto existente en la mente de una persona. Lo que ocurre es que la gata flora no sabe lo que quiere, lo que nos conduce, por definición, a la incapacidad de lograr una satisfacción.
Por lo tanto, la estrategia recomendada no es otra que la de hacer simplemente lo que nosotros creamos correcto, justificando nuestros actos con los mejores argumentos posibles y evitando caer en ataques nerviosos (campo local de la gata flora hecha y derecha). Luego de ello, inevitables, vendrán los berrinches de la insatisfacción, que deberemos llevar con paciencia infinita, como la madre que hace dormir al bebé llorón o el maestro que repite la lección a su alumno limitado.
Ante la persistencia en algo que parece no dar resultados, la gata flora, como cualquier otra gata, desistirá confundida, hasta la incubación de una nueva exigencia.
La repetición a largo plazo de esta simple fórmula terminará por crear un hábito en la gata flora: el de comportarse como una persona normal. En su defecto, nos dejará por algún pobre desgraciado que no entienda esta receta. En ambos casos, habremos salido victoriosos.
