Que miseria

Durante mi búsqueda en los archivos de Domingo El Caballo, encontré una vieja  misiva, escrita por su propio hermano. El papel está corroído por el tiempo, y las palabras son apenas legibles, pero con un poco de esfuerzo, logré transcribir con cierta fidelidad el contenido de la carta. El paradero tanto de sus hermanos como de Domingo El Caballo, sigue siendo un completo misterio. Conociendo los antecedentes de Domingo, solo podemos esperar la peor de las suertes para su pobre hermano. Publico aquí la carta, como un pequeño homenaje a los hermanos de Domingo y a todos aquellos que sufrieron las actitudes de este vil individuo. Tal vez, en algún lado, Eugenio se reconforte de que su carta, tantos años después, ha llegado a los medios.

Me dirijo a ustedes como una persona que sufre en carne propia la miseria de Domingo El Caballo. Recurro a este medio para poder demostrarles que su miseria es aún mayor de lo que todos imaginan. Yo soy uno de sus hermanos, Eugenio El Caballo, o como él me llama "Número dos". Domingo nunca nos llama por nuestros nombres, sino que utiliza números para referirse a nosotros.

Sólo voy a contar la historia de uno de los viajes que realizo por trabajo al Uruguay y sus consecuencias. Como siempre, no comentó nada antes de irse, para evitarse así el dolor de cabeza que le acarrearía que algún molesto le pidiese algún souvenir de su viaje. Durante su ausencia aproveché la posibilidad de usar su baño, cosa que no nos permite hacer en su presencia por el excesivo gasto de shampoo, enjuague, jabón, etc. Todo es mucha más pacífico cuando él no se encuentra en casa. Una de las cosas extrañas que noté durante su estadía en Uruguay, fue que había dejado las llaves de su coche puestas, exponiéndose a que alguien le gastase su preciada nafta, pero el misterio se develó rápidamente al darme cuenta que el tanque estaba completamente vacío. Gente del barrio asegura haberlo visto dando vueltas a la manzana, con el obvio propósito de gastar hasta la última gota de combustible, pero lo más probable es que haya pasado todo el contenido del tanque a un bidón, y luego haber escondido éste por algún lugar secreto cerca de su
enorme caja fuerte, o tal vez en ésta misma.

A su regreso del viaje, se tomó un remis (factura mediante para que la empresa donde trabaja lo abonase) para llegar a esta casa. Al entrar adujo estar sufriendo un gran dolor de cabeza, seguramente porque ya estaba imaginando que iba a tener que darle algún regalo a sus familiares. Con todo el dolor en el alma comenzó a repartir presentes. A su madre, un chocolate (probablemente robado a algún pobre ciego). A mí me regaló una lapicera, y ante la queja de que era una simple birome de publicidad de alguna empresa mugrosa, dijo que las de la empresa donde él trabaja eran peores. A su hermana, nada. A Número cinco, nada. A Número cuatro, y a Número seis, dos frasquitos de shampoo robados del hotel, obviamente los que estaban a medio usar, ya que los que estaban cerrados se los guardó para él. Posteriormente contó como había derrochado a lo loco en Uruguay, 10 dolares un día, y 18 otro, por supuesto, pagados por la empresa. La empresa donde trabaja le dá un límite de gastos de 20 dolares diarios, pero ante la falta de práctica, Domingo no supo como despilfarrar semejante suma.

Yo soy una persona que sufre día a día la avaricia y la miseria de Domingo El Caballo. Y más miserable se ha vuelto últimamente ya que debido al enorme gasto que tuvo que hacer para arreglar su auto decidió hacer recortes drásticos a su presupuesto. Ya ni siquiera va al cine, se queda viendo películas de video en casa de su novia, las cuales no alquila, sino que hace que mi hermano las pida a sus amigos estudiantes de cine.

Podría pasar horas dando testimonio de su miseria, pero no puedo seguir escribiendo en este momento, creo que lo oí llegar. Si él llegase a enterarse de esta carta, mi vida correría peligro.

Me despido.

Eugenio El Caballo

3 Comentarios

Un verdadero miserable. Es

Un verdadero miserable.
Es increíble que haya seres que sean así o seres que puedan concebir algo así.

Saludos

Veo que inauguraste la

Veo que inauguraste la sección comentarios.

Así es. Algún día, esta vacía

Así es.
Algún día, esta vacía pizarra llegará a 1000 comentarios diarios.

Saludos