Por qué la inseguridad no va a solucionarse

Iluminemos México (Zócalo, D.F.)

Luego de asistir a una marcha en reclamo por seguridad, me quedó claro por qué la seguridad no va a solucionarse. No es por los ladrones, ni por lo políticos, ni por la policía, ni por las cárceles, ni por las leyes, ni por nada de todo esto. Es por la inacción de las personas que sufren la inseguridad.

Por supuesto, la inacción de las personas no incluye protestar y quejarse de la inseguridad diariamente (pero sólo en privado y ante Doña Rosa, que también protesta y se queja, pero sólo en privado). Si de esto dependiera, la inseguridad se hubiera solucionado hace años. Las quejas, por supuesto y no sin razón, se extienden a los ladrones, a los políticos, a la policía, a las cárceles, a las leyes y a todo de todo esto.

Muchas de esas personas nos miraban como coloridos actores de circo, mientras saboreaban su helado de fresa y sostenían sus bolsas de regalos.

Muchas de esas personas no vinieron a la marcha, porque estaban cansadas, porque estaban solas, porque tenían que hacer la comida, porque había partido, porque justo a esa hora dan esa serie. Y es entendible. Pararse en la plaza que está a diez cuadras a batir palmas no es un esfuerzo para cualquiera. No, claro que no. No cualquiera puede aportar al reclamo por seguridad.

Por supuesto, cada uno es libre de hacer lo que más le plazca. Eso es la libertad.

Lo que quiero exigir en este escrito no es que la gente vaya a las marchas o participe de los reclamos institucionales por más seguridad (o por otras causas más justas aun: por el hambre, por la pobreza, por la indignidad, etc.). Lo que quiero exigir es que sean coherentes: si no van a ir a una marcha de mierda a diez cuadras a pararse y batir palmas (o alguna otra cosa más ambiciosa), entonces no me rompan las pelotas quejándose por la inseguridad.

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