PELIGRO, NIÑOS SUELTOS

Siempre desconfié de los niños, son humanos en estado puro. Un cúmulo de emociones carente de todo filtro. Como tales, son caprichosos, envidiosos, intolerantes y mentirosos. Si el humano es inherentemente bueno, los niños son inherentemente malvados.

Apenas nacen, su única habilidad innata es saber que cuando desean algo deben llorar. Lleva largos años de arduo adoctrinamiento quitarles esa noción. Aquí es cuando se inicia la lucha entre lo que el niño quiere y lo que realmente es bueno para él.

Cuando el niño comienza a gatear, es cuando comienza la verdadera batalla. Todo objeto irá directo a su boca. El grito de “¡No!”, sólo desata el llanto incontrolable del infante. Y si hay algo que tienen los niños es perseverancia. Increíblemente el llanto puede extenderse durante horas, ininterrumpidamente. Esta actitud puede llegar a desconcertar a la más recia de las personas, más aún cuando a veces lo hacen sin razón aparente.

Todo se resume a la siguiente escena:

Entra mi hermano a mi casa con su niña en brazos y automáticamente despierta la ternura en toda la platea femenina. Una de las presentes le dice: “Es re linda, te felicito, debés estar re feliz”. A lo cual, mi hermano, dejando escapar una lágrima y mirando el piso susurra: “Quisiera estar muerto”.

Luego del primer año las cosas se tornan más llevaderas pero no por eso menos complejas. Conforme va adquiriendo consciencia, la criatura se vuelve más malévola y manipuladora, y lo peor es que esa malicia sólo recibe refuerzos positivos, conminando a la criatura a incrementarlos.

Siguiendo con los ejemplos:

Niña jugando con la comida, y madre que la reprime. Ya más astuta, sabe que el llanto sólo conllevará una reprimenda aún mayor, por lo cual, compradora, comienza a darle besos a su madre. La madre intenta no sucumbir, pero ya es demasiado tarde. Un abrazo llena de puré su cabello, pero de poco importa, la niña ya ha ganado.

Estudios científicos encontraron que existen loros que tienen la inteligencia de un niño de seis años. Lo cual puede leerse como, “los niños de seis años tienen menos inteligencia que un pájaro”. ¿Es esto cierto? Todo lleva a pensar que no. Están bien al tanto de lo que pueden lograr.

Una escena que contemplé personalmente: un niño jugando con el reproductor de dvd. El padre le ordena cesar en esa actividad, pero el niño sigue, como si no escuchase que le han dicho algo. El tío le dice con vos calma y asertiva, que se retire sin escándalo, y milagrosamente el niño recupera la audición. El niño constantemente prueba hasta dónde puede llegar. Si su padre le dice que no siga, no se dará por aludido, ya que bien sabe que si su padre realmente quiere que deje de hacerlo, se levantará de su asiento y vendrá a reprenderla. Si el padre no se levanta, el niño habrá ganado de nuevo.

La manipulación se presenta en diversas formas. Hace una semana, decidí pasar el limpiafondo a la pileta, aprovechando que tenía que vigilar a mi sobrina mientras jugaba en el jardín. En un momento, subrepticiamente, intentó meterse en la pileta. Rápidamente la levanté y le dije que no lo hiciese. Unos segundos después, volvió a intentarlo. Nuevamente la saqué, y con más vehemencia le dije que no se metiera. Esta vez, la niña se quedó detrás de mí, observándome. Me arrodillé para quitar algunas hojas que habían quedado en una cañería. Saqué una pieza de la misma, y la puse detrás de mí. Cuando estaba sacando las hojas, veo la pieza que acababa de sacar, pasar por encima mío, y caer en el fondo de la pileta. Me di vuelta y le dije a mi sobrina:

Yo: - ¡La puta madre! ¿Te vas a meter a buscarla vos.

Con toda la tranquilidad del mundo me respondió:

Sobrina: - Sí.

Con sólo dos años había ideado un plan para lograr meterse a la pileta a pesar de mi prohibición. Y la verdad, es que estuvo a punto de funcionarle.

Los niños tienen dos tipos de llantos, el verdadero y el falso. Son fácilmente distinguibles. El falso tiende a contener más gritos y por ende es incluso más molesto que el verdadero. El principal problema es que los padres también los reconocen fácilmente, y cuando saben que el niño llora por puro capricho, simplemente lo ignoran. El resto de las personas que no estamos acostumbrados a tolerar ese horrible sonido, sólo podemos mirar con impotencia. Dichos padres deberían ser penados por alteración del orden público, o al menos, se le debería vedar el acceso al transporte público. El bien de la sociedad así lo exige.

Otra realidad es que padres estúpidos y sobreprotectores suelen tener hijos incluso más molestos que los niños promedio.

Padres simplemente estúpidos, suelen tener hijos que lloran con razón. Por ejemplo, el otro día subía yo por la escalera mecánica del subte, y a mi lado había una mujer hablando con celular y mirando el techo (literalmente). Su hijo de unos seis años estaba sentado en las escaleras mecánicas. Supuse erróneamente que la madre le advertiría a su hijo que su campera y sus manos iban a ser enganchadas por la escalera cuando llegase a la parte superior. Al ver la inactividad de la madre le dije al niño: “Párate, que te va a enganchar la campera”, el niño se paró rápidamente. ¿Y qué hizo su madre? Siguió hablando por teléfono.

En ese momento me sentí muy bien conmigo mismo. Había salvado a una linda campera, de ser manchada de sangre.

Para cerrar el tema, un memorable diálogo de "Los Simpsons":

- Oye te ves bien..

- Nooo, estoy desecho.. y al salir tengo que inagurar una lavanderia y un hospital de perros y odio a los perros.

- Dijiste un hospital de perros?

- Te estas esforzando demasiado, no crees?

- Vaya que si, cuando empece de payaso crei que todo seria gloria.. eso.. la gloria de ser payaso. Y la verdad es un trabajo muy duro, pero cuando veo esas sonrisas en sus caritas, se que estan pensando en lanzarme algo los desgraciados…

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2 Comentarios

Completísimo informe. Es

Completísimo informe. Es increíble que los bebés puedan manipular a un adulto. Eso habla muy mal del adulto.

Creo que el video de "Los Simpsons" está disponible para que lo disfrutemos!

Excelente el plan ideado por

Excelente el plan ideado por la pequeña que quería meterse a la pileta. Creo que ni yo podría haberlo hecho tan bien.