Nuestras Raíces

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Excelente.Quizás esa es la

Excelente.
Quizás esa es la prueba de nuestra condena.

Tal cual.

Tal cual.

El carácter “ingobernable” de

El carácter “ingobernable” de los argentinos sería, en alguna proporción, una herencia del altísimo componente italiano de nuestra población. Italia es el país desarrollado más anárquico del mundo, supuestamente porque sus instituciones políticas son aún más jóvenes que las latinoamericanas. Italia recién se unificó definitivamente en 1861, tras siglos de ser una suma de distintos estados unidos por una lengua común (la erudita, porque el pueblo hablaba diferentes dialectos) y separados por conflictos de todo tipo.

Se atribuyen a la falta de institucionalidad de Italia las dificultades que ha tenido ese país para asimilar el liberalismo europeo, tanto económico como político. En Italia, al igual que en la Argentina, se prefiere sustituirlo por el liberismo, lo que podría sintetizarse como “ser libre de hacer lo que me gusta o conviene, ignorando leyes y reglas sin miedo de sanción social o legal”, y son totalmente ajenos conceptos anglosajones como “fairplay” o “rule of law”, de los que se desprenden leyes como las de antitrusts que limitan el exceso de concentración y el abuso de posición dominante, sin las cuales el mercado no funciona con libertad.

Por el contrario, aquellos gobiernos que no comprenden que la gran virtud del mercado es la competencia, promueven la concentración en unos pocos para poder controlarlos –el panóptico– o directamente construyen un monopolio estatal. Tampoco es casual que el problema de Aerolíneas Argentinas y de Alitalia se haya resuelto simultáneamente, en ambos países, nacionalizando su deuda. Sólo la prohibición de la Unión Europea impidió que se nacionalizara también la empresa.

Italia también ganó fama de ser un país difícil para sus gobiernos (el primer ministro socialista Bettino Craxi huyó al exilio en 1992), entre otras causas, por el mayor poder que tienen sus sindicatos en comparación con los del resto de Europa. Lula, quien llegó a la presidencia tras ser el sindicalista más famoso de su país, en privado atribuye el éxito económico de Brasil a que los sindicatos nunca pudieron hacer inviable cualquier política de Estado, como –dicen que dice– sí sucedería en la Argentina.

Como nos estamos yendo para

Como nos estamos yendo para arriba que ahora Fontevecchia comenta en el blog.

Es cierto. Gracias Jorge!

Es cierto.
Gracias Jorge!