El ferrocarril, otrora orgullo nacional, parece hoy en día atraer hacia sí, a toda clase de individuos despreciables que se conjugan para molestar en todo lo posible nuestra humilde existencia. A la ya inhumana forma en la que se viaja, se suma el desprecio que los empleados de este medio demuestran hacia el resto de la humanidad.
Quizás sea esto lo que genere que lo peor de cada persona surja cuando uno se encuentra rodeado de estos crápulas. Aprovecho esta ocasión para desearle la muerte a todos los dirigentes sindicales que permitieron que se desmantelasen los ferrocarriles nacionales, sin levantar queja alguna e incrementando su patrimonio mediante el recibimiento de sobornos. Y de paso también a Martinez de Hoz, nunca está demás.
Volviendo al tema, como asiduo viajero de la Línea B de subterráneos, ya conozco su modus operandi. Uno llega a la estación, espera cinco minutos, diez minutos, para luego escuchar una voz por los altoparlantes informando que el servicio está demorado por desperfectos técnicos. Es en ese momento que uno toma nota que el paro sorpresivo es inminente. En los días subsiguientes, inexorablemente el servicio funcionará con demoras, hasta que finalmente, ante el hartazgo de los pasajeros, aflora la violencia, y uno de los crápulas que se encuentra al servicio de Metrovías, es justificadamente golpeado, aunque lamentablemente no causándole heridas de consideración. Es así que al día siguiente todas las líneas hacen paro "en solidarización al compañero golpeado", y de paso para que los inscriban como sindicato y declaren inocente al compañero Segovia, ídolo. Minutos después aparece frente a las cámaras un cretino en representación del resto de los cretinos, diciéndole sin ruborizarse a los periodistas, que el pueblo está de su parte, que está a favor de su lucha por la libertad y el bienestar de todos los trabajadores. Además agrega que el paro es también "por la falta de mantenimiento de las formaciones, que pone en peligro la integridad de los pasajeros". Del otro lado de las vallas, los pasajeros que se disponían a viajar, insultan a viva voz a los empleados del subte, que como todos sabemos son unas alimañas que cobran alrededor de $7000 por mes, trabajando 6 horas por día, debido a que su trabajo es "insalubre". Lo más divertido es cuando sabotean formaciones del servicio mínimo de emergencia en pos de evitar riesgos a los pasajeros, dado que las mismas son conducidas por personal jerárquico de la empresa, no calificados para el díficil trabajo de mover una palanquita, y frenar cuando se está llegando a la estación. Los conductores de subte pasan por un durísimo curso para lograr obtener semejante capacidad.
-¿Puede convertirse en mono conduciendo un monoriel?
-Falso, no, podría ser verdadero.
No quiero olvidar mencionar, que cierta vez, uno de los sindicatos convocó un paro a una hora determinada. Al llegar dicha hora, el conductor de una formación frenó la misma en medio de un túnel e intentó bajarse del tren. Dicha actitud provocó la ira de parte de los pasajeros que le dieron una merecida golpiza. Al día siguiente hubo otro paro, esta vez para solidarizarse por el compañero golpeado.
Para no ser injusto con los empleados del subte (esos parásitos mugrosos), cabe mencionarse que las personas con las que uno suele viajar en los ferrocarriles muchas veces dejan también bastante que desear. Uno se pregunta: ¿Es tan difícil esperar 5 segundos para dejar bajar a la única persona que está intentando hacerlo? Aparentemente sí, porque no pocas veces me he encontrado en la situación que la puerta se abre y una marea de personas intenta atropellarme. Ante dicha situación, la semana pasada embestí a la marea al grito de "esperen a que baje la gente, la puta madre". La marea humana ni siquiera se inmutó, tan sólo retrocedieron un poco para pasar a mi lado con la vista aún fija en la puerta. Existen historias de Cacho, un mítico ser de 1,9 m y 120 kilos, que se planta ante la marea humana cual escollera y logra así que la marea humana, al chocar contra él, se de cuenta que su esfuerzo será inútil, al menos hasta que deje bajar a este héroe legendario.
Otra situación con la que me indigno cuando viajo en los ferrocarriles. A sabiendas de que la formación siempre se detiene en el mismo lugar, uno se pone frente a donde estará la puerta del vagón cuando este llegue. Por ejemplo, en la estación Federico Lacroze de la línea B de subterráneos, si nos paramos frente a la palabra "inusitados" que se encuentra en el mural del andén de enfrente, la puerta del medio del primer vagón de la formación se abrirá ante nosotros cuando ésta llegue. Mencionado esto, a mi derecha se agrupa gente también esperando la formación. Al llegar, y mientras va disminuyendo su velocidad, las personas a nuestra derecha comienzan a caminar como zombies hacia su izquierda, con el objeto de estar frente a la puerta cuando esta se abra. Lo increíble es que hay personas que no reparan en que uno ya se encuentra en ese lugar, y lo embisten, tal vez sin siquiera haberlo visto. Entre los pequeños placeres de la vida, está ver la cara de odio de estos individuos cuando golpean contra nosotros, rebotan y se dan cuenta que no vamos a corrernos sólo porque a éstos energúmeno se les ocurra.
Un hecho curioso que me ocurrió en un ferrocarril es el siguiente: sentado estratégicamente y con vista directa hacia el asiento vomitado que se encontraba a 5 metros de distancia, pude observar a las personas al acercarse al mismo.
Sujeto 1: ve por la ventana que hay un asiento vacío en el vagón, y con cara de "son todos idiotas menos yo", apura el paso para conseguir el confortable espacio, tan sólo para encontrar la peste y la suciedad y huir escondiendo su rostro.
Sujeto 2: Ve el asiento, ve el vómito, y sin importarle se siente al lado del mismo. Recuesta su cabeza en el vidrio, y finalmente se duerme.
Sujeto 3: El tren se encuentra completamente lleno, y el sujeto 3 sin reparar en que hay 50 personas paradas en el vagón, se sienta directamente sobre el vómito. Increíblemente, las dos personas del asiento que se encuentra frente a él no le advierten nada, probablemente porque están llevando a cabo el mismo experimento sociológico que yo. Finalmente la humedad atraviesa la ropa del sujeto, el mismo se para aceleradamente pero ya es demasiado tarde. Se toca la parte trasera del pantalón con su mano derecha y luego la huele. Indignado con el mundo, el sujeto se levanta y se va a otro vagón.
Algunas hechos inentendibles:
Dado que son sindicatos diferentes, no hay trenes que se transformen en subterráneos. Cabría esperarse que cuando coinciden en su ubicación, un tren siguiese su recorrido bajo tierra. Sin embargo, debemos bajarnos del tren, bajar una escalera y volver a sacar pasaje. Estoy seguro que si le plantease la situación a un empleado del ferrocarril me diría: "No pibe, eso es imposible. Son las mismas locomotoras, usan los mismos rieles, pero esto es un tren y abajo de la tierra es un subte, son cosas distintas".
La solución para el Gobierno de la Ciudad para el problema del transporte es extender las líneas del subte ya colapsadas. ¿No deberían antes solucionar el colapso? O sea, si los trenes ya viajan completamente llenos, y extiendo las líneas para sumar más gente a los mismos, podría llegar a encontrarme en un problema.
Sabiendo exactamente la hora a la que sale el tren, ¿por qué siempre tengo que correrlo dos cuadras?
No es mi intención incitar a la violencia, pero creo firmemente que golpear a un empleado del subte debería ser un derecho de todo ciudadano. Unite a la campaña: "Una patada al de Metrovías"
Quise poner una foto, pero me dice que el filtro antispam fue disparado, que me curta.
Por favor, pruebe de nuevo.
Luego comentaré su completísimo informe.
Ha funcionado. Otro logro del personal de mantenimiento de "El Mero Fondo".
"pero el Nesquick estaba taaan delicioso..."
Implacable informe sobre los habitantes del ferrocarril: trabajadores y pasajeros. No es dificil concluir que todos son fieles representantes de nuestra sociedad.
¿Acaso los pasajeros que no dejan subir ni bajar, no avisan del vómito a su prójimo, no hacen efectivos por vía escrita sus reclamos, etc., merecen otro tipo de trabajadores en las líneas?
¿Acaso esos trabajadores merecen otro tipo de representación sindical?
¿Acaso no merecen todos la representación política que tienen?
Lo lamentable de esto es que, a nuestra manera, quizás nosotros también seamos así.
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