Los sensibles

Los sensibles suelen ser bien vistos en nuestras sociedades y, en particular los hombres, bien vistos por las mujeres. Por supuesto, esto último es sólo una prédica para charlas de peluquería, ya que a la hora de la verdad, ellas siempre los prefieren duros e implacables.

Es por esa buena fama que tienen que, muchas veces, otros personajes tratan de adherirse a ellos disfrazando cualidades largamente más defraudables bajo la etiqueta de “sensible”.

Conocido es el caso de la persona que llora por cualquier cosa. “Es que soy muy sensible” asegurará, algo que probablemente sea cierto. Esta certeza es la que nos confunde y nos hace creer esa afirmación. Sin embargo, la verdad es que la cualidad por la cual esta persona llora es la de “llorón”, no la de “sensible”.

Llorar no es consecuencia necesaria de ser sensible. ¿Acaso no es sensible la piel del faquir que se recuesta sobre una cama de clavos o camina sobre esas brasas ardientes?

Otro caso conocido es la de los “acusadores de egoísmo”, esos que levantan su dedo contra las personas que actúan de acuerdo a sus convicciones sin medir consecuencias en los que los rodean, aun cuando esos que los rodean no tengan ningún derecho a reclamar por esas consecuencias. Por el contrario, ellos aseguran (por su sensibilidad) medir cada impacto en el prójimo cercano antes de actuar. De esta manera, quedan atrapados en intereses cruzados que pertenecen a otras vidas. Por lo tanto, este accionar corresponde a “indecisión” no a “sensibilidad”, aun cuando la persona probablemente también sea sensible.
Un contraejemplo histórico podría ser Alejandro Magno, una persona tan sensible a la hora de sentir la vida y su finitud como brutal a la hora de llevar adelante su visión, contra viento, marea, desiertos y ejércitos.

Finalmente, aunque con este ejemplo no se agotan los casos, está el peor de todos: la traición. La traición es largamente disfrazada de extrema sensibilidad, “que no permite soportar situaciones extremas que garanticen la lealtad”. En este caso, no sólo se trata de personas sensibles, sino también de personas débiles, mentirosas y traidoras.

Pero… ¿qué es, entonces, ser “sensible”?

Ser “sensible” está en las causas de todos estos hechos que hemos repasado, y no en las consecuencias. Ser “sensible” es ser permeable a la vida, permitiendo que toda su intensidad, su emoción, su contradicción, su angustiante injustificación y su maravillosa existencia entren a través de nuestros poros sin control, invadiéndonos.

La forma de expresar todo eso es otro tema diferente. Algunos serán artistas, otros serán llorones. Unos morirán con honor, otros serán grandes traidores. Habrá quienes queden encerrados en sensaciones contradictorias y quienes, por el contrario, arremetan ciega y peligrosamente por llevar a buen destino esa llama que les quema el alma.

No somos responsables por nuestro grado de sensibilidad, aunque sí lo somos por cómo lo canalizaremos.

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2 Comentarios

"¿Acaso no es sensible la

"¿Acaso no es sensible la piel del faquir que se recuesta sobre una cama de clavos o camina sobre esas brasas ardientes?"
Evidentemente NO

No creo que sea tan evidente.

No creo que sea tan evidente. A lo que voy es que una cosa es sentir el dolor y otra, diferente y posterior, es expresarlo.