La decadencia de la felicitación
La felicitación, como el significado de la romántica frase “te amo”, vive una época de crisis. Hubo otros tiempos, dicen los libros de historia, donde la felicitación era sólo para aquellos que iban más allá del accionar esperado, correcto y vulgar, e incurrían en actos de grandeza que significaban, muchas veces, la puesta en riesgo de la vida misma.
Actualmente, cualquiera es felicitado por cualquier cosa.
Un caso por excelencia lo constituye la felicitación por concebir y/o tener hijos. Todos sabemos que concebir un hijo no tiene demasiado mérito. En todo caso, cuando la gente decide que va a “buscar un hijo” no incurre en grandes gestas heroicas ni en revoluciones morales, sino, como mucho, en un programa estricto de relaciones sexuales, lo cual ya es bastante polémico, por cierto.
Tener (es decir, darlo a luz) un hijo, por su parte, es menos un mérito que una carencia de otras opciones.
En todo caso, uno debería felicitar a un padre cuando tiene un hijo virtuoso, destacado, educado o noble. O al menos, aunque no es mi posición, no delincuente.
El verdadero problema surge cuando esas personas esperan (y hasta exigen) nuestra felicitación, situación que, por supuesto, jamás sucede. Y peor aún, como me ha ocurrido a mí: cuando a un flamante tío (ni siquiera tuvo que tomarse el “trabajo” de “buscar el hijo”) le exige a uno una felicitación. En esto casos, uno debe hacer grandes esfuerzos para no romper relaciones con el flamante tío.
Incontables situaciones similares ocurren en el ámbito de la familia: cumpleaños de 15, casamientos, aniversarios, etc.
Otro caso, por demás ejemplar, es el cumpleaños. ¿Qué mérito tiene cumplir 37 años? ¿Acaso uno podía hacer otra cosa? ¿Podría uno elegir no cumplir 37 años? Para duelo y pesar de muchas mujeres, no. El caso empeora cuando el cumpleaños es múltiplo de 10. Un cumpleañero de 30, al parecer, ha hecho mucho más mérito que uno de 31.
Terminar el primario no es muy loable, ya que el 99% de la población lo hace (supuestamente), por lo que uno no debería aspirar a ser felicitado por ello. Otra cosa muy diferente es recibirse de físico nuclear o llegar a la luna.
Finalmente, existen casos payasescos que no merecen el menos análisis, como ser el primer turista del año en Mar del Plata, el ganador de una rifa, comprarse un objeto, etc.
El ciudadano estándar me reclamará que no es necesario el heroísmo para merecer la felicitación. No se da cuenta, acaso, de que es exactamente de lo que he estado hablando todo el tiempo.

Muy buena nota, te amo.
Muy buena nota, te amo.
Gracias willy.Lamento no
Gracias willy.
Lamento no creer ninguna de las dos cosas.
Jajajaa!
Jajajaa!