El precio de la tercera vida
Dicen los divagadores (religiosos) que el hombre posee tres vidas: la terrenal, la divina y la que persiste en la memoria de la humanidad. Ésta última es la tercera vida.
Según este punto de vista, personas como Sócrates, Poncio Pilatos o el Che Guevara no han muerto del todo, pues la historia los tiene aun en su memoria. Bien sabido es que Woody Allen se mofaría, no sin razones, de esta justificación.
Sea cual sea la verdad, el ser humano por lo general posee la necesidad de trascender su propia vida de una u otra manera. Por supuesto, como dice Maslow, es una necesidad de orden superior.
Surge entonces la pregunta de cuál es el precio que hay que pagar para pasar a la tercera vida. Lamentablemente, el precio suele ser el fanatismo y la locura, sobretodo cuando no hemos sido premiados con la genialidad.
Uno podría pensar que si uno nace Einstein no hace falta mucho más para ser recordado por muchos años más. Pero no suele hacer así: Einstein estuvo sumido en sus teorías durante años, seguramente preso de algo que muchos deben haber llamado locura, cuando no “locura de mierda”.
Por lo general, para alcanzar la tercera vida deben cumplirse los siguientes requisitos:
1. Un sueño, una idea o una visión
El primer paso consiste en tener el “qué” por el cual dejaremos todo en nuestra vida, incluyendo nuestra vida misma. Si se trata de algo relevante para el género humano, mucho mejor. Por lo general, un luchador contra la discriminación (Luther King) tiene mejores probabilidades que un luchador por el software comercial (Bill Gates), pero todo puede servir.
2. Fanatismo
No importa lo que otros digan, no importa lo que uno deba hacer, no importa nada. Debemos ir a fondo, contra viento y marea y sin miramientos. No importa si ponemos en riesgo nuestra vida a causa de una enfermedad, si tenemos que matar, si tenemos que derrocar gobiernos, si tenemos que renunciar a todo y partir a luchar al Congo (Che Guevara). Debemos asumir que estamos locos y que ya ninguna otra cosa importa más que el punto 1.
3. Persistencia
Bajo ningún punto de vista debemos abandonar nuestra lucha, hasta el último segundo de nuestras probablemente cortas vidas. Muchas veces el logro se ve muchos años después de que hemos muerto (cuando ya no podemos verlo, claro).
Así que ya lo saben: si no tienen una visión, no son absurdamente fanáticos, las personas no los desprecian llamándolos “locos de mierda”, no tienen una vida marcada por la frustración, la derrota y la angustia, y no tienen la persistencia necesaria para seguir a pesar de todo, entonces es probable que nadie vaya a recordarlos.

A menos que uno pague el
A menos que uno pague el precio de un buen manager
Muy interesante. Para
Muy interesante. Para nosotros, los no Einsteins, los no Luther King, los no Guevaras, se crearon los Records Guinness. Gracias a los que cualquier hijo de vecina con perseverancia puede obtener el tan preciado diploma. De "Sos Alguien". Por más que eso signifique tener la uña del meñique más larga del mundo, pero igual, no hubo otro que no se cortara ESA uña por 15 años.
La otra como ya dijeron es la del loco malo y encima frustrado, el que te dice: "Yo lo voy a matar a John Lennon para que me recuerden todos".
Pero la culpa de todo la tienen ellos por no ser simlpes mortales.
Estimado Chaco, fabuloso su
Estimado Chaco, fabuloso su comentario. Siempre agregando ese pelo en la lengua que uno, incapaz, no había podido encontrar.
No creo que los ganadores de record guiness tengan una larga tercera vida, aunque admito que es muy correcto mencionarlos.
Sin embargo, es cierto que muchos asesinos han quedado en la historia, lo cual plantea un verdadero dilema a la tesis presentada en el artículo.