Cómo puede el individuo combatir la inseguridad
La inseguridad es un problema grave y complejo, con múltiples causas y múltiples vías de solución. Muchos individuos preocupados piensan qué podrían hacer para contribuir a mitigar este flagelo y, muchos otros, la mayoría, piensan que no pueden hacer nada y, claro, no hacen nada. Estos últimos son una de las graves causas de la inseguridad.
A continuación, me propongo repasar algunas acciones que el simple ciudadano de a pie puede realizar para contriubuir a disminuir la inseguridad en sus vidas.
Acudir a las marchas contra la inseguridad, por lo general encabezadas por familiares de las víctimas. También puede colaborarse en la difusión, organización y otras tareas relacionadas a las mismas. Muchos aseguran que estas marchas no cambian nada. Se trata de una afirmación incomprobable y, desde mi punto de vista, autojustificatoria de la vagancia de quienes la expresan. Lo que sí no admite refutación es que sin marchas las cosas no van a mejorar.
Participar de alguna actividad con fines sociales. Una de las causas de la inseguridad es la marginación social, por lo que participar de tareas educativas o alimentarias seguramente contribuirá a una mejor situación. ¿Qué es muy poco el efecto que se logra? Bueno, entonces haga más!
Conocer a los vecinos, promover la mutua colaboración y la solidaridad con ellos. Conociendo a los vecinos uno puede pedirse favores a la hora de cuidar la casa, hacerse la campana, defender juntos los espacios públicos aledaños (veredas, calles, luces, plazas, estaciones), etc. Asistir a reuniones vecinales.
Conocer a los policías responsables y utilizarlos. Si es con el resto de los vecinos, mejor. Comprender y aceptar profundamente, que son nuestros empleados y están a nuestro servicio. Lo mismo cabe para los cuidadores de las garitas: someterlos a la autoridad de los vecinos.
Defender el espacio público aledaño (veredas, calles, luces, plazas, estaciones) con uñas y dientes. Comprender y aceptar profundamente que son espacios de nuestra propiedad y como tales debemos tratarlos. La conquista y la defensa del espacio público tiene consecuencias sorprendentes sobre la seguridad del lugar.
Salir, en lugar de encerrarse. Lo peor que podemos hacer contra la inseguridad es recluirnos. Si lo hacemos, estamos cediendo el espacio público a los malhechores, lo cual desata un círculo vicioso que empeora la situación hasta límites como los actuales.
Contagiar a los demás. Hacer todo esto individualmente es necesario, pero no suficiente. Necesitamos cientos de miles haciéndolo para acelerar el proceso.
Maldito el momento en que el lector ha leído este artículo. Ahora que sabe todo lo que puede hacer, es parte responsable del problema. De ahora en más, toda sensación de bronca e injusticia, producto de las desgracias que produce la inseguridad, se dirigirán inevitablemente hacia un análisis interior, en lugar de hacerlo hacia una queja inútil y liberadora.
He sido testigo, en múltiples
He sido testigo, en múltiples reuniones barriales, como muchos presentaron el tema de La inseguridad como problema a resolver.
En primera medida, les expliqué que existía una agrupación que estaba organizando marchas (http://www.familiasdevictimas.com.ar/) y llevando a cabo otras acciones para combatir este tema. Los invité a la marcha que se hacía un día sábado en el Obelisco: no ví a ninguno de los que se habían estado quejando.
En segunda instancia, les propuse que para la próxima reunión trajeran ideas y un plan de acción concreto, diciéndoles que recibirían el apoyo de los vecinos: NADIE LLEVÓ NADA.
Me parece que estas experiencias hablan por sí solas.
Aqui el problema, como lo veo
Aqui el problema, como lo veo yo, está en ustedes. Ustedes están cometiendo un acto discriminatorio. Están discriminando el tema de la inseguridad entre los otros temas. O sea, estas personas, en cuanto a la inseguridad, lo único que hacen es quejarse de sentado y ser víctima de su vagancia.
Aquí está la cuestión, uestedes discriminan el tema de la inseguridad cuando esta gente utiliza la misma dinámica para muchas otras cosas: educar a sus hijos, elegír un programa de televisión, elegir en el supermercado, votar.
Ojo, cuando digo de sentado, no me refiero a de sentado, tirado en una silla o sillón, tranquilo. No, los pobres infelices prefieren estar sentados pero intranquilos, sus quejas son sentimientos fuertes de bronca. Y delante de sus narices tienen la posibilidad de estar haciendo algo y sentir felicidad por ello.