Barullo
Eran las 3 de la mañana, y aún no encontraba la cosa. Una vuelta más fue necesaria para frenar el zumbido de su oreja y el entumecimiento de su hombro derecho. Se encontraba desorientado, y para colmo la pared izquierda parecía una pantalla de cine. Por un momento fue tentado a usar esas raras formas como distracción, quiso crear animales, monstruos, seres extraños, pero nunca fue creativo y siempre terminaba por decirse “colectivos de mierda, justo por mi ventana tienen que pasar”.
Se encontraba absolutamente solo, vagando por su cabeza, sin boleto de vuelta. Buscó explicaciones a problemas que no tenía, pero angustiado desistió y decidió hundirse en la desesperación. Terminó por consolarse, tratando de convencer a su ego de que no se trataba de él. “Todos tenemos problemas” – resolvía – “pero vos no sos cualquiera y tenés que resolverlos”. Se sentía pecador y se castigaba en consecuencia. Él era más, estaba seguro de que era así.
Una bronca súbita se apoderó de él, y poniéndose de espaldas, apuntó sus ojos hacia el cielorraso. “Ya van a ver, les voy a demostrar quién soy”, se dijo firmemente. Aventurado a la busca de culpables e inquisidores revisó mentalmente su lista de enemigos. Quiso llenarla, pero la tarea era por demás abrumadora. Tanto odio era demasiado para él, ¿quién podría soportar carga tan pesada? Sintió admiración por la fuerza de su inquina. Muchos hubieran desistido ante semejante empresa. Él era alguien, concluyó.
Se hicieron las 4, y la cosa seguía extraviada. Intentó ser sarcástico consigo mismo, pero se ofendió y se intimó a callarse. Él no merecía tratarse de tal manera, no era justo. Pero el remolino lo atrapó una vez más y para escaparse de su embate se sumió en un profundo pozo depresivo. Trató de consumirse, cerró los ojos enérgicamente e hizo fuerza. Agitado, manoteó la nada en busca de algo. Supuso que así encontraría la cosa. “No estoy bien” – pensó – “lo primero es asumirlo”. Cuando su conciencia lo tenía arrinconado, tratando de sacarle una última confesión antes del veredicto, finalmente, se durmió.
El viaje al trabajo le fue leve. Con la fortuna de su lado y con un hábil movimiento de cadera consiguió asiento veinte minutos antes de llegar a Corrientes y Esmeralda. Entre cafés y charlas de pasillo suplió su cansancio con pequeñas dosis de comentarios amenos. Hizo reir a sus compañeros y una de las chicas le sonrió sugestivamente. La cena estuvo bien. Lavó los platos y vio Titanic.
Había sido un buen día.

Quiero un método para que la
Quiero un método para que la consciencia no me arrincone de noche, ¿lo tenés Oti?
"La cena estuvo bien. Lavó los platos y vio Titanic". Muy buena esta parte.
Quizás tengas que mantener la
Quizás tengas que mantener la conciencia en paz, o "limpia" para que no se te retobe. Otra opción sería no hacerla trabajar tanto, a veces no es necesario que todo pase por ella. Delegale tus dilemas a la ira (un buen puñetazo sería descarga suficiente para seguir durmiendo).
Perdón, pero las palabras
Perdón, pero las palabras "mantener" y "conciencia limpia" no van de la mano.
En cuanto al puñetazo no siempre es una buena opción. Recuerdo el día que M. estaba muy enojada y le dio duro a una pared. No sólo no pudo volverse a dormir, sino que terminó en la guardia mintiéndole a un enfermero sobre las verdaderas razonesdel accidente.
Estoy esperando mi respuesta.
Estoy esperando mi respuesta.
Clarísimo, no sólo muchos
Clarísimo, no sólo muchos hubieran desistido de semejante empresa. Diría todos.